Sexo en la playa

sexo en la playa

Cada verano, cuando vamos a la playa, nos ocurre: vemos a mucha gente con poca o casi ninguna ropa, algunas de estas personas nos resultan muy atractivas y nuestro cuerpo, aun acostumbrado a estas visiones, reacciona. Para los hombres es especialmente duro –sí, es un juego de palabras-, pero también ellas se excitan viendo según qué cuerpos masculinos (o femeninos, claro) paseando por la orilla mientras el sol se refleja en su sudor o su crema solar.

En momentos así no se puede hacer nada, hay que aguantarse o recortar la previsión del baño de agua y sol y volver al hotel o a casa a darse una buena sesión de sexo originado en el calentón, pero a veces las parejas encuentran una cala apartada, una playa poco popular y con ningún bañista –o lo hay, pero está demasiado lejos para suponer un “peligro”- y deciden pasar un rato de agua, sol en posible intimidad, y lo que surja.

Por qué nos gusta el sexo en la playa

Y muchas veces surge. Porque si no nos ve nadie puede que, jugando, echemos crema en rincones del cuerpo que el bañador o el bikini suelen cubrir y que por lo tanto no necesitan protección de los rayos del sol, y en vez de disimular una erección no deseada es posible que la aprovechemos para darnos un homenaje y rompamos la rutina llevando a cabo acciones de lo más morbosas y poco habituales en nuestra vida sexual.

Eso los más valientes, porque también están los que se meten en el agua, incluso en playas abarrotadas, y valiéndose de la clandestinidad parcial que otorga ese oscuro líquido se meten mano por debajo de la línea de flotación. Incluso hay quien se deja llevar, disimula una penetración en un abrazo y se cree que ralentizando los movimientos, inevitablemente rítmicos, nadie se dará cuenta. Pero la gente se da cuenta, y luego en internet aparece lo que aparece.

¿Qué pasa en las playas nudistas, en las que casi todo el mundo –no es obligatorio, sin embargo- va como llegó a este mundo? Pues, aunque la opinión mayoritaria es que en las playas nudistas la gente no lleva las gafas de mirar con lascivia, ya que se trata de personas que ven la desnudez como algo natural  y sin connotación sexual, los que prefieren bañarse y tomar el sol sin nada de ropa son personas normales y, por mucho autocontrol que tengan, siguen teniendo sus gustos y necesidades y se siguen excitando al ver los cuerpos de los demás, pero en su caso son más afortunados que los que van a las playas textiles porque lo ven absolutamente todo.

Las playas nudistas suelen ser también tramos de arena algo apartados para evitar a los mirones que de otra forma entrarían en la playa por curiosidad o perversión, por lo que ya de por sí facilitan cierta intimidad y tienen menos afluencia de público, así que las circunstancias para que se acabe produciendo alguna situación sexual se cumplen casi desde el principio.

Más de un nudista se ha encontrado, si nos fiamos de lo que podemos leer en decenas de foros de sexo, con alguna sorpresa en forma de invitación a poner crema en el cuerpo de una mujer casada, lo que puede llevar a un trío a plena luz del día. En otras ocasiones hay parejas que, excitadas, deciden dar un espectáculo a los presentes, sean los que sean, y los deleitan con sexo oral o coital en directo. Y luego está el solitario que en vez de esconder la temida erección decide calmar su fuego sin temor a ofender a nadie.

Nunca se sabe lo que puede ocurrir en una playa, sea la hora que sea y haga la temperatura que haga. Pero sexo y playa van muchas veces de la mano.